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Instrumentos para medir el tiempo

El reloj de sol
A medida que el sol sube, las sombras se acortan y se comprimen proporcionando un medio muy sencillo para medir el tiempo que transcurre. Un simple bastón, llamado gnomon, se convierte en un reloj solar (en griego, el gnomon es “el que sabe, quien discierne y sirve de medida”).
Para hacer un reloj de sol basta con marcar en el suelo unas divisiones correspondientes a los diferentes momentos del día. El arte de fabricar relojes de sol es la gnomónica.
Los relojes de sol ya eran utilizados por los babilonios.
¡Desgraciadamente en el interior de los edificios, por la noche y cuando
llueve, el reloj de sol no es de ninguna utilidad!

Las clepsidras
Las clepsidras eran de origen egipcio (alrededor de 3.000 años antes de nuestra era) y servían para medir el tiempo por la noche. Son relojes de agua. El flujo
regular del agua permitía medir el tiempo: la cantidad de agua que ha fluido es proporcional al tiempo transcurrido. De ahí la expresión “flujo del tiempo”.
El principio es simple: un recipiente graduado, lleno de agua, era agujereado con un orificio en la base. El nivel del agua bajando de forma regular indicaba el tiempo transcurrido en las graduaciones determinadas con anterioridad. Además, el recipiente que recogía el agua evacuada también estaba graduado. Desde Egipto las clepsidras se expandieron a Grecia, después a Roma y luego a todo Occidente, hasta la Revolución Francesa.
Más reciente que la clepsidra, el reloj de arena está basado en el mismo principio, con arena en lugar de agua. Antiguamente era de un tamaño bastante
grande y servía para limitar el tiempo de palabra de los oradores. También se utiliza hoy, por ejemplo, para medir los tres minutos que tarda en cocer un huevo.
Los relojes
Los instrumentos precedentes carecían de precisión y de autonomía. Parece ser que fue Gerberto de Aurillac (el Papa de la Iglesia Silvestre II) quien inventó el primer reloj mecánico con un peso, hacia el año 996.
Hacia 1658, Christian Huyghens (matemático, astrónomo y físico holandés) realizó el primer reloj de péndulo, en el que peso motor está reemplazado por un resorte.
En 1840 se inventaron los relojes de pared eléctricos y en 1952 los relojes de pulsera de pila. En 1968 los relojes de cuarzo electrónicos y los relojes analógicos, y en 1970 los relojes digitales. Finalmente, en 1976, el reloj atómico de Cesio-133 que, con una excelente precisión, permitió establecer el segundo atómico.

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Formas Naturales para medir el Tiempo

El sol
A medida que la Tierra gira sobre ella misma el sol parece levantarse, subir, volver a bajar, acostarse y luego… desaparecer. El día y la noche, sucediéndose
muy regularmente, condicionan muchas vidas en nuestro planeta. La Tierra es, por tanto, el reloj natural fundamental de la humanidad y el hombre ha utilizado el día, de manera natural, como unidad de medida del tiempo desde hace miles de años.
Pero la Tierra gira alrededor del sol, ligeramente inclinada sobre su eje, y las estaciones se producen ligadas a las variaciones en este recorrido. Al cabo de un
año ha dado una vuelta completa y el ciclo de las estaciones se ha repartido. El año solar constituye, pues, otra unidad de tiempo muy importante.

La luna, un astro para medir el tiempo
Más fácil de observar que un año solar, el intervalo de tiempo que separa dos fases idénticas de la luna, llamado “mes lunar”, ha influenciado a muchas civilizaciones. Desde que los hombres comenzaron a contar, han medido el tiempo en meses lunares, ya que constituyen una duración de tiempo intermedia entre el día y el año. Si en español las palabras mes y luna no tienen aparentemente nada en común, en cambio en inglés están muy próximas: “mes” se dice month y “luna” se dice moon, así mismo en alemán se dicen Monat y Mond. Los etimologistas estiman que el verbo medir (así como mensuración y mensurar) proviene de la misma raíz indoeuropea me, el origen de la palabra mes.

Este ballet incesante del Sol, de la Tierra y de la Luna ha servido desde siempre
para medir el tiempo y ha sido tarea de los astrónomos.